Rituales de la Noche, de Stella Maris Ponce. Por Martín Carlomagno

Se pueden decir demasiadas cosas sobre un libro, más si de poesía se trata.

El poeta es dueño de designar a su gusto, de dar a la imagen forma, aunque luego se torne simplemente un cuidador de palabras como bien lo acentuó Atilio Castelpoggi.

Para tratar de comprender un poema no hay recetas, ni manuales, ni usos, ni costumbres; nada de esto existe en poesía. Lo primero es reconocerse, no entenderse, no se es poeta para entender o comprender, sería demasiado simple, por eso para hablar de la poesía de Stella se debe sugerir esto. Ella no busca entender en sus poemas, busca trasladar imágenes, sostenerlas a través de su ritual, que sin dudas es la noche.

Esta mujer está y no está en sus textos y eso es lo que hace que su libro se vuelva por momentos profundamente reflexivo. Sí, dentro de lo cotidiano está lo reflexivo, nadie puede negar lo reflexivo como arte, voces familiares, colores, pero por sobre todo, vivencias que imperan en la voz de todo poeta. No se escribe desde afuera aunque muchos lo intenten, dijo Roberto Juárroz: “La vida tiene una música de fondo / Nadie sabe reconocer su origen, pero a veces nos parece recordar su melodía… Aunque casi ni vivamos, la música de fondo de la vida nos permite por lo menos escuchar el vivir.”

Y muchas veces el poema es esa música de fondo, y el poeta sólo un extraño que intenta apoderarse de la imagen por un instante y después, el vacío. Toda poética es el vacío. Lejanía como espera: Palabra.

Lo demás, sucesos que conmueven o no al lector, pero hay que reconocer que esa palabra es un pequeño motor para encender el mundo y Stella lo enciende sin saber cuál será su suerte al fin.

En su poesía no hay una construcción por el mero hecho de construir, o decir por decir o rellenar espacios con palabras, estamos ante una mujer que nos dice: “Que con una noche basta para entrar al mundo” y ese sólo verso es sin dudas un certero disparo a la memoria. Porque, ¿quién no ha pensado esto? ¿Quién no se ha sentido exiliado en su propia noche?

En el correr de las páginas vamos descubriendo que su poesía acaricia el aire como surcos abiertos que son memoria de las semillas.

Ella dice que: racimos de aire la separan de la tierra a la que llega en sueños y su música remota es incertidumbre, existir es una lejana calesita a la cual le llama vida y ese es el sentido del libro o de los libros ya que son tres libros en uno o uno en tres, es indistinto.

Hay una música en sus textos que por momentos e vuelve lejana, pero no es de fondo, ella se desliza a través de un imaginario definido, es un silencio que pronuncia un nombre y en ese silencio convive Stella “esa mujer que vive de callar”, es sin dudas, la que sabe que no todo lo escrito debe ser compartido…

Por eso para cerrar diría con sus palabras: “Ella suspira y el aire ya es encuentro en la ventana”.     

Rituales de la Noche, de Stella Maris Ponce. Por Martín Carlomagno

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