Mi obra poética
08.10.2022   SELECCIóN DE POEMAS DE MIS TRES LIBROS    36
Algunos poemas de Rituales de la Noche, Spirituals y de La Voz
Mi obra poética

Poemas del libro “Rituales de la Noche” (Ediciones Ríos al Mar, Paraná, 2002)

Botella al mar

Sobre el agua fresca y luminosa del mar de mi infancia

flota una botella con un mensaje invisible.
La carta en blanco fue escrita con un palito y gotas de limón.
Sólo el fuego que alimenta algunos días puede descifrarla.

 

Vengo del agua.
Yo soy esa botella que el mar empuja.
Traigo un mensaje para el fuego.

 

Estampa

                                                                    A mi padre

Una parva de pasto verde y seco
más alta que el hombre
apoyado sobre la pala.

Una vieja pala
marrón como el hombre
heredada como el pasto.

Tres palabras
bajo el cielo de la tarde:
hombre, pasto, pala.

 

Lección de astronomía

                                                                      A mi madre

-“Hay que esperar el menguante para la poda”-
expresó, segura.
Y luego me invitó a mirar el cielo
para confirmar las lunitas
que habíamos visto en el almanaque.
Su dedo recortado entre las estrellas
me indicó la esfera luminosa.
-“¿Ves?”- insistió
-“Ya está por menguar,
le falta una rodaja...”

Y yo sentí
que una larga enredadera
unía mi mano, la suya y la luna.

Y me olvidé de la poda.

Playa Nébel

Voy hacia el río
haciendo escalas en los árboles rojos y amarillos
recortados sobre la tarde como estaciones de un rosario
ante los cuales uno se inclinaría, sin prejuicios, a rezar.
El río corre, crecido.
Un pastizal cubre la orilla y disimula el trote de un caballo.
Cae el sol, por su propio peso, otra vez sobre la tierra
y destiñe los verdes de la costa.
Brillan algunos techos en últimos suspiros de luz.
Ahora, la presencia inquietante del caballo se pierde:
           un relámpago que anuncia mil tormentas
                                  una línea de fuego sobre el agua,
                                                                                 sobre la calma del día.

¿Acaso el animal huye del éxtasis?
Como el hombre que presiente la trama irremediable del amor
                                         el siempre inútil intento de escapar del dolor. 
 

Todo transcurre y se detiene
todo vacila en la incertidumbre
como en el Interludio de Miles Davis
que insiste en definirme esta tarde de otoño.

 

Las quejas del agua

Las quejas del agua que sube
desvanecen el rostro liviano del sueño.
Hay voces encerradas en los caños.

La ciudad es un inmenso animal dormido.
Por sus venas se deslizan rumores
que seducen la vigilia.

En las canteras del aire se guarecen las palabras.
Yacimientos de la noche
donde hurgan como mendigos
los poetas.

Poemas del libro “Spirituals” (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2015)

Spiritual

                                                                           Nobody knows the trouble I see,

                                                                           nobody knows but Jesus… (1)

 

cada nota blanca

cae suave y se interna

en la tierra de cada uno

 

es como si nevara

 

(nobody knows

nobody snows...) (2)

 

pero nadie puede ser música

en copos lentos que caen

nadie sabe decir sus pesares

fría y copiosamente

nevándose

 

(1) Nadie sabe el pesar que veo / nadie sabe excepto Jesús.

(2) Nadie sabe / nadie nieva…

 

 

 

Heridas

                                                                         donde hay agua, hay vida

                                                                        donde hay un soplo, el origen

 

lamerse la herida

como el gato

que apoya la lengua áspera

sobre la pelambre y se limpia

sería sencillo

si fuese la piel el sitio

soplar suave ahí para el alivio

en ese dolor de tallo quebrado

donde supura la savia

mientras los labios simulan

otra herida y el beso

va sanando el corte

en el recodo del gajo

 

pero comparar para qué

si no hay órgano visible

donde se apoye la herida o la cura

y la cicatriz que no se palpa

es apenas un indicio

del paso del tiempo

 

Tregua

                                                                                          It’s me, it’s me, O Lord

                                                                                          standin’ in the need of prayer (1)


 

de la cuerda del tendedero me cuelgo con broches

junto a la ropa húmeda a descansar

soy una prenda más bajo el sol que declina

con gotas que se escurren sobre la piel ajada

y esto se parece a la resignación

con que una camisa, a mi lado,

espera la noche

-los brazos extendidos en cruz-

en su propio calvario


 

                                                               (1) Soy yo, soy yo, Señor / de pie, en necesidad de oración Ve PONCE, STELLA MARIS

Zapatos

I got shoes, you got shoes,

all God’s children got shoes, when I get to heaven

goin’ to put on my shoes, goin’ to walk all over God’s heaven (1)

 

 

fui bajando de mis zapatos

por aquellas plataformas de madera

acompañadas en dúo con pantalones oxford

 

zuecos adolescentes de lona turquesa

mocasines marrones de profesora

 

fui bajando de los tacos aguja negros

para sentir el rojo de las baldosas

o pisar el azul, hacer pie en el amor

 

llegué a la arena y al pasto

los dedos sobre el suelo:

 

voluptuosa incertidumbre

más que tierra segura

  (1) Yo tengo zapatos, tú tienes zapatos / todos los niños de Dios tienen zapatos, cuando llegue al cielo / voy a ponerme mis zapatos y caminaré por todo el cielo de Dios.

 Ver más de PONCE, STELLA MARIS

 

Los nombres y la vida

Hush, hush somebody's calling my name

Oh my Lord, Oh my Lord what shall I do, what shall I do? (1)

 

 

stella maris en medio del río

madre la vio

y yo nací ahí

antes, mucho antes

de haber nacido

en ese nombre

con esa estrella de mar

sobre el uruguay de los pájaros

por la pura invocación sobre las aguas

 

ella miraba desde el barco

cielo y agua, agua y cielo

hasta que apareció la imagen

con un manto de pliegues celestes

en medio del faro anochecido

 

quizá el temor y la soledad

le hicieron decir: es enorme la virgen

 

y hubo luz de aura en sus ojos

cuando pensó

si alguna vez...

si llega a ser niña...

 

y dice ella que entonces juntó las manos

y sacando aire de sus entrañas

exhaló el primer soplo

y me nombró.

 

 

(1) Silencio, alguien me está nombrando / Oh, mi Señor, oh mi Señor, qué voy a hacer, qué voy a hacer?

 

Poemas del libro “La Voz (Poemas del caleidoscopio)” (Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2019)

Sustancias

Ahora que muerdo el cuerpo de la noche

para saber de qué está hecha esa médula

de sombras que me llama y me consume

pregunto: cuál será la sustancia del poema

cómo será ese cuerpo que se parece a la noche

en su obsesión de morder y al que le entrego

desvalida, mi aliento para que alce su propia voz.

 

¿Qué es un poema?

el poema es una mesa

para apoyar las palabras

y que descansen y revivan

sobre la misma materia

de la que están hechas

 

madera oscura de ébano

por ejemplo, en versos herméticos

a veces lustrosos y apreciados como el cedro

o palabras con persistencia de roble

 

sin embargo mi poema elije

el sencillo eucaliptus de corazón

fragante, bálsamo para la voz

herida que cambia corteza áspera

por lonjas suaves

 

tal vez el papel, en su defecto, resista

el tallado silencioso de la respiración

que poeta y carpintero comparten

en el arduo oficio de construir apoyos.

 

 

Naranjas al sol

un carro cargado de naranjas

a mitad de la cuadra

bajo el sol de la siesta

 

golpea el caballo los cascos

sobre el asfalto

golpea el chico el cajón

sobre la vereda

 

por esa necesidad

de fundirse en la música

 

cae una naranja y se parte

sobre el cordón

 

Objetivismo (*)

todos nos subimos a

la carretilla de Williams

y nos caímos

mareados por el vértigo

del rojo

anémicos frente a los pollos

blancos

 

tanto depende de

uno

 

(*) Inspirado en el poema La carretilla roja, de William Carlos Williams

 

Siembra

Parece mentira -dijo- de una semillita tan chica nace un árbol tan grande.

 

Es cierto -dije- aunque me pregunté si la vida sería siempre tan lineal.

 

En el silencio de la casa podía escucharse: Todos venimos de una semilla.

 

Él seguía en el patio sacando las pepitas de las vainas de ibirapitá

que habíamos juntado en la plaza y yo en la cocina

las pasaba a un frasco para llevarlas al campo.

 

No tenemos hijos pero de alguna manera la siembra sigue imponiéndose.

 

Señales de humo

se quema y se extingue, pero antes el humo

disipa el cuerpo del cigarro

como si esparciera las cenizas de una muerte anticipada

esfumándose lentamente en esa brasa diminuta

que pelea con  la noche

 

así yo también me esfumo, pero antes me quemo

y quemo los restos del día y callo en cada bocanada

para que sean las hojas de tabaco

marcadas por el sol, como mi piel,

enrolladas en su propio destino,

las que hablen al arder y suelten

una delgada señal

de este íntimo incendio a dos voces

 

 

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