PRESENTACIÓN DE RITUALES DE LA NOCHE DE STELLA MARIS PONCE.
10.05.2022   FRANCISCO ROMERO Y RITUALES DE LA NOCHE    61
Exquisita poeta entrerriana que honra el linaje lírico que distingue a su provincia
PRESENTACIÓN DE RITUALES DE LA NOCHE DE STELLA MARIS PONCE.

GÉNESIS

¿Cómo saber qué dice mi piel cansada

de tantas noches propias y mañana ajenas?

Elijo palabras –de a dos- del Gran Arca

para que se salven de este repetido diluvio.

Acaso se pueda dialogar con las tormentas, 

alcanzar una golondrina en vuelo,

filtrarse en la luz que busca el día propicio para nacer.


DUDA

¿Qué he de nombrar que no haya sido ya nombrado? 

Se necesitan indicios: 

                                  Una piedra que hable de este suelo.

                                  Una hoja que diga: -“hay árbol”-.

                                  Un pez que nos devuelva el mar.

Es preciso dejar una señal:

                           Polvo vacilante

                                               sobre caminos de tierra.

                           Surcos abiertos

                                               que son la memoria de la semilla.

¿Cuáles serán las rupestres pinturas

en la caverna de tu tiempo?


Génesis y Duda, dos poemas de Alegoría, primera de las ocho partes estaciones de Rituales de la noche, primer y excelente libro de poesía de Stella Maris Ponce, exquisita poeta entrerriana que honra el linaje lírico que distingue a su provincia. Y que se incorpora a esa tradición, sobre todo, desde una mirada  y una voz profundamente singulares acerca de qué es lo indecible, qué es lo innombrable en nuestra existencia errancia de nuevo siglo y nuevo milenio. Porque lo casi imposible de advertir aquí y ahora son las múltiples claves y señales que encierran tanto la naturaleza y sus manifestaciones como los objetos que constituyen y rodean nuestra cotidianeidad. Porque lo casi imposible de decir es precisamente lo que necesitamos saber y comunicar de nosotros mismos para no extraviarnos y naufragar ciegos sordos mudos, aturdidos narcotizados, por el sonido y la furia de esta “aldea global” Truman Show que nos desfonda la interioridad, la memoria y el lenguaje.


“...palabras, palabras –un poco de aire / movido por los labios –palabras para ocultar quizá lo único verdadero: / que respiramos y dejamos respirar”, escribe Jorge Teiller y Stella Maris lo cita y coloca como umbral de su libro. Y desde allí, desde ese texto vislumbramos su poética lírica y visión de mundo: “captar, cazar al vuelo”, como decía otro poeta entrerriano, Alfredo Veiravé, los rumores, sonidos y respiraciones que pueblan lo que precariamente atinamos a llamar silencio y cuya supuesta consistencia –cierta certeza a la que solemos aferrarnos- suele desvanecerse abruptamente en la noche, ese tiempo espacio tan peculiar en el cual desde el fondo de los tiempos nos valemos de ciertos rituales para intentar conjurar-zafar de- los fantasmas de la soledad y a veces, sólo a veces, para procurar descifrar el mensaje de esa respiración natural animal que jadea cerca lejos o dentro de nosotros mismos, detrás de los muros inasibles de ese espejismo auditivo que todavía llamamos silencio.


“Noche...

Alquimia estelar.

Celebración del día.

Encuentro casual de los opuestos.

Ronda desvelada de presencias diminutas. 

Alunizaje de sueños posibles fuera del tiempo.


Una noche basta para entra al mundo”.



“Las quejas del agua que sube

desvanecen el rostro liviano del sueño.

Hay voces encerradas en los caños.


La ciudad es un inmenso animal dormido.

Por sus venas se deslizan rumores

que seducen la vigilia.


En las canteras del aire se guarecen palabras.

Yacimientos de la noche

donde hurgan como mendigos

los poetas”.


Una noche basta para entrar al mundo, nos dice Stella Maris, pero hay que saber hurgar, como mendigo y poeta, las palabras llaves que sabe guarecer, hacer flotar, esconder ofrecer, el aire nocturno. Rituales de la noche, segunda parte estación del itinerario lírico estamos recorriendo este último domingo de febrero. 


“En definitiva 

sólo se trata de escapar

de la trama de los días

que con furiosa lava

y constancia senil

gana terreno

en la playa del deseo”.



“El tiempo es una mariposa inalcanzable.

Revolotea...

Me envuelve...


Presencia única de colores

que estampan sobre mi piel

cambiantes tatuajes.

Se acercan, se alejan,

me confunden, me tiñen.


Una indescifrable conjunción

de polvo y luz

va internándose en los poros

para llegar al centro,

donde cada latido

es una ola

que se desangra 

en la orilla”. 



“Acariciar el aire

como a la piel del día

palpando

cada rayo de luz

que escapa

ante los asombrados dedos

del alma.

Y líneas

en espera de un destino

que las marque

para que las arrugas 

tengan sentido.

Pequeñas falanges de tiempo

buscan un espacio

para transformarlo

en las cotidianas paredes

que te habitarán.

Y uñas 

que van tras la pulpa de la fruta conocida

rasguñando 

la cáscara desechable

del ocio.

Abrir un libro al azar

y en esas hojas amarillas

con letras escritas

sobre la nada

descubrirse

como en las propias manos.


Una herida en el aire

muestra las entrañas del día.


¿Cómo curar esa herida

para no ver del otro lado

tanto desamparo?


Ahí donde somos

sólo pájaros acurrucados

bajo una tormenta 

que no deja de azotarnos”.


SUCESIONES

“El farol oscila y golpea la madera.

Un chasquido seco y rítmico

es la música que el viento trae desde el río.

Círculos de luz y de sombra

bajo una llovizna repentina.


En la ventana los cristales marcan un límite entre las sucesiones.


La mano sobre el pecho sostiene un vaso.

El líquido oscuro trae latidos desde otra orilla.

Llueve una tristeza callada sobre el recuerdo

mientras la memoria dibuja una figura

bajo la soledad del farol”.


Poemas de La trama de los días, de Del aire y sus cantos y de Motivos, tercera, cuarta y quinta partes estaciones de Rituales de noche. “Furiosa trama de los días” cuya lava devasta la playa del deseo, el tiempo como “mariposa inalcanzable”, abrir con los dedos del alma nuestras propias cicatrices y pequeñas brechas en el cuerpo opaco de los días para aprender a soborear la pulpa de la fruta que creíamos conocer; y bucear en la memoria y  entre los rumores de la lluvia las siluetas de un recuerdo luminoso o un motivo para resistir la tristeza bajo la soledad de un farol. Imágenes símbolos de la tensión entre el batallar de sobrevivencia de eros y el tánatos impiadoso que va tatuando en la trama de los días la cifra de nuestra derrota anticipada, esa vejez prematura que nos deposita temprano en máscara de hierro de la rutina. 


BOTELLA AL MAR

“Sobre agua fresca y luminosa del mar de mi infancia

flota una botella con un mensaje invisible.

La carta en blanco fue escrita con un palito y gotas de limón.

Sólo el fuego que alimenta algunos días puede descifrarla. 


Vengo del agua.

Yo soy esa botella que el mar empuja.

Traigo un mensaje para el fuego”.


HAIKUS:

“Los mismos gestos

Un rostro en el espejo.

Al fin, los ojos”.


“Vaso vacío

Sequedad de lágrimas.

Es tanta la sed”.


“Cielo estrellado.

Fulgores de la noche.

Nace un camino”.


“Asombro ancestral

un hombre encuentra a otro

en su caverna”.


Mensaje para el fuego y haikus, sexta y séptima partes estaciones. Para merecer el fuego nuestros primitivos antepasados creían que había que ser capaz de arriesgar y hasta sacrificar el propio corazón, escribe Eduardo Galeano y Stella Maris lo recuerda para ilustrarnos metafóricamente cómo concibe la dimensión del deseo. Y en la micro brevedad de sus haikus vuelve mágico decible lo natural inadvertido innombrable.


“La poesía es el zumbido del principio”, poetiza Gonzalo Rojas. “La poesía pone al lenguaje en estado de emergencia”, reflexiona sabiamente Gaston Bachelard, sabe arrancarle un segundo otro resplandor, más bello más lacerante que a veces, sólo a veces, nos desnuda y nos cala hasta los huesos. Por eso, precisamente, la última estación de Rituales de la noche, Aire de blues, culmina con el poema En el principio era el verbo, y allí y en toda esa última parte tanto la palabra poética como las resonancias existenciales de ese sabio caos musical que es el jazz y el leve fulgor erótico del blues combaten cuerpo a cuerpo con la nada, ese agujero negro que nos habita desde siempre. 


“Y nosotros, ¿qué?


Bichitos de luz

con sueños entre las alas

escribiendo el guión de los días

leyendo las partituras de la noche.


Bichos que vamos hacia la luz atravesado por el tiempo.

Y para quedar y pasar

andamos y andamos...”


Y nosotros qué, se pregunta y nos interpela bella e incisivamente la poesía de Stella Maris Ponce. Nosotros ahora, por ejemplo, podemos aventurarnos en la lectura de su Ritual de la noche e intentar embellecer un poco nuestra vida.

Muchas gracias.

Francisco Romero.

Resistencia, 27 de febrero de 2005.


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